Las piezas arqueológicas que se han descubierto en el Valle del Arriero habrían sido fabricadas el año 3.000 a.C. por la “Cultura de las Piedras Horadadas”, ellos eran cazadores recolectores, con experiencia en alfarería y agricultura. Estas piedras eran fabricadas artesanalmente a través de constantes golpes y alisamiento con otras piedras, la perforación que tienen en el centro, la conseguían posiblemente mediante un palo y arena para desgastar la piedra.
Nadie sabe con certeza cuál era la utilidad de estas piedras, pero sus variados pesos y tamaños evidencian que no todas tenían la misma función. Algunas teorías dicen que se usaban en trabajos de agricultura, como arma de cazar, herramientas de molienda o para ceremonias.